El jardín etnográfico

Treinta años plantando lo que ahora ves crecer.

Esta finca es uno de los lugares rústicos más hermosos del municipio de La Orotava. Diecisiete mil metros de superficie destinados a parque etnográfico y ocio, repoblados planta a planta durante tres décadas. Lo que se ve hoy — los tajinastes en flor, el túnel de palmeras, las hortensias del muro de piedra — no estaba aquí en 1996.

Vista aérea de la finca de Hacienda Verde con las casas, la piscina y el jardín entre las cumbres del Teide

Cómo empezó

Cómo empezó.

Hace treinta años el terreno era seco y la mayor parte estaba sin sombra. Empezamos plantando los almendros, después los pinos canarios, después los frutales. La viña pequeña vino después.

Los tajinastes y los agapanthos vinieron en olas — un año los tajinastes, otro año los agapanthos azules, otro las hortensias del muro de piedra. Cada planta tenía su sitio. La finca crece sola ahora, sólo la podamos y la regamos cuando hace falta.

El lagar canario, el pajar y la era ya estaban cuando llegamos. Son piezas patrimoniales que pertenecen a la finca. El pajar está catalogado por el Cabildo y en vías de restauración; el lagar conserva la bóveda de ladrillo arenisca, los barriles y las botellas; la era guarda el carro de trillar bajo el almendro.

* Texto base, pendiente de matices del titular antes del cierre definitivo.

El jardín por dentro

Lo que se ve si bajas hasta la piscina.

Cenador de madera con tinajas tradicionales en el jardín de la finca
Cenador de madera entre tinajas
Ramo de hortensias azules y rosas sobre el muro de piedra del jardín
Hortensias sobre el muro de piedra
Agapanthos azules en flor en el jardín de Hacienda Verde
Agapanthos en flor
Túnel de palmeras canarias iluminadas con luz cálida durante la noche
Túnel de palmeras de noche
Vista aérea de Hacienda Verde con las casas, el jardín y las cumbres del Teide al fondo
Vista aérea de la finca
Piscina rectangular de la finca con cumbres del Teide al fondo
Piscina con vistas al Teide

Lo que la finca conserva

Siete piezas patrimoniales dentro del jardín.

No es un museo abierto al público. Son piezas que pertenecen a la finca y se recorren durante la estancia, junto a los frutales y los agapanthos. Abre «La historia» de cada una para saber qué fue y cómo funcionaba.

Prensa de viga del lagar bajo un tejado de teja, con barriles y husillo de madera

Bóveda de arenisca · prensa de viga

El lagar centenario

El lagar conserva la bóveda centenaria de ladrillo arenisca, los barriles de madera y las botellas apiladas en arco. Fuera, la vieja prensa de viga descansa bajo su tejado.

Ya no produce vino: es una pieza patrimonial que vive dentro del jardín y se recorre durante la estancia.

Un lagar es donde se hacía el vino antes de que existieran las bodegas con maquinaria. Se pisaba la uva sobre la pila y el mosto corría al depósito; después, la prensa de viga —una viga enorme de madera, contrapesada con piedras— exprimía el último jugo del orujo.

El norte de Tenerife vivió del vino durante siglos: las malvasías de estas laderas llegaron a viajar a media Europa. Aquí queda el testigo de ese oficio, con su bóveda y sus barriles intactos.

DatoLa prensa de viga funcionaba como una palanca gigante: una sola viga de madera bastaba para exprimir el orujo después del pisado.

Pajar tradicional de piedra volcánica seca con puerta verde y tejado de paja

Piedra seca + techo de paja · catalogado

El pajar · en restauración

Construido en piedra volcánica seca, con su puerta verde y un tejado de paja. El Cabildo de Tenerife lo tiene catalogado como bien etnográfico.

Estos meses se rehace la cubierta pieza a pieza, con los mismos materiales con los que se levantó.

El pajar guardaba la paja y el grano de la era, y en las casas más humildes servía también de cobijo. Lo que lo hace raro hoy es el tejado: paja tejida a mano sobre una armazón de madera, un oficio de empajado que casi nadie conserva en la isla.

Cuando el techo vuelva a estar entero, el pajar quedará como un pequeño espacio dentro del recorrido del jardín, sin perder nada de su carácter.

DatoLa cubierta se teje con haces de paja sobre una armazón de pino: el mismo método con el que se cubrían las casas de campo canarias.

La era, un anillo de césped rodeado por muro de piedra volcánica y pinos canarios

Donde se trillaba el grano

La era de trillar

Un anillo de césped abierto entre muros de piedra volcánica y pinos canarios. Sobre esta tierra se trillaba el grano de la cosecha.

La rueda del viejo carro sigue recostada cerca, bajo el almendro grande que da nombre a una de las casas.

La era era el corazón del trabajo después de la siega. Se extendían las gavillas en círculo y una bestia daba vueltas arrastrando el trillo —una tabla con piedras o cuchillas en la base— hasta separar el grano de la paja.

Aquella tierra de faena es hoy un círculo de césped tranquilo, cerrado por el muro de piedra. De los rincones que más buscan los huéspedes a media tarde.

DatoDespués de trillar venía el aventado: lanzar el grano al aire con una horca para que el viento se llevara la paja ligera y cayera el grano limpio.

Lavaderos de piedra con pilones, caños y barreños metálicos, junto a un cántaro de barro

Pilones de piedra · agua corriente

Los lavaderos

Los pilones originales todavía en pie, con sus caños sobre la piedra. Aquí se lavaba la ropa a mano antes de que el agua llegara a las casas.

Forman parte del paseo por el jardín, junto a los cántaros de barro grandes.

El lavadero era trabajo y conversación a partes iguales. Las mujeres del pago bajaban con la ropa, la frotaban sobre la piedra inclinada del pilón y la aclaraban en el agua corriente mientras se contaban las noticias del valle.

En una isla el agua nunca sobra: en el norte de Tenerife venía de galerías excavadas en la montaña y se repartía por acequias. Tener lavadero propio con caños era tener cerca ese bien escaso.

DatoEn Canarias el agua de riego se ha repartido siempre por turnos medidos en horas, porque cada gota contaba.

Dornajo, artesa tallada en un tronco de madera ahuecado, apoyada en un muro de piedra junto a cántaros de barro

Una artesa de un solo tronco

El dornajo

Una artesa tallada en un único tronco ahuecado, apoyada en el muro de piedra con un par de cántaros al lado.

De las piezas más humildes de la finca, y de las más bonitas de mirar.

El dornajo se hacía vaciando un tronco entero a golpe de azuela, sin juntas ni tablas. Servía de comedero y bebedero para los animales —cerdos, cabras— y, llegado el caso, para amasar o para las tareas de la matanza.

Cada uno era distinto, con la forma que daba el árbol del que salía. Este descansa junto al muro, como quien deja una herramienta donde siempre estuvo.

DatoAl estar tallado de una sola pieza, un dornajo podía durar generaciones: no tenía juntas que se abrieran ni tablas que se soltaran.

Bomba de agua manual de hierro sobre un tocón, junto a cántaros de barro, en tono sepia

La bomba de mano sobre el pozo

El chorro de agua

Una bomba de hierro de las de palanca, montada sobre el viejo pozo y rodeada de cántaros de barro.

Se accionaba a mano, arriba y abajo, para subir el agua que regaba el huerto.

Antes del grifo, el agua se subía a pulso. La bomba de émbolo —una palanca de hierro y un cilindro— hacía el vacío y elevaba el agua del pozo cada vez que alguien movía el brazo.

En una finca, ese chorro lo era todo: el huerto, los animales, la cocina. La bomba sigue en su sitio como recuerdo de cuando regar costaba esfuerzo de brazos.

DatoUna bomba de émbolo funciona por vacío: al subir el pistón aspira el agua del pozo, al bajar la empuja hacia el caño.

Bolas de petanca de colores sobre la cancha de tierra entre pinos canarios, con una casita de pájaros al fondo

Bolas y sombra de pinos

El campo de petanca

Una cancha recortada entre pinos canarios, con el suelo de tierra firme y la sombra puesta a media tarde.

Uno de los rincones que José enseña a los huéspedes que se quedan más de un par de noches.

La petanca llegó del sur de Francia y se quedó en plazas y fincas de medio mundo. Se juega lanzando las bolas de metal lo más cerca posible del boliche, la bola pequeña; no hace falta más que puntería y ganas de discutir la jugada.

Es el plan de sobremesa de la finca, cuando aprieta el sol y apetece quedarse cerca de casa con un vaso fresco.

DatoEl nombre viene del occitano «pès tancats», «pies juntos»: se lanza sin coger carrerilla, con los pies quietos dentro del círculo.

Flora destacada

Qué hay plantado en la finca.

  • Tajinaste rojo

    Echium wildpretii

    Endémico canario, espádice de hasta 3 m que florece en primavera.

  • Agapanthos azul

    Agapanthus africanus

    Pomos esféricos en azul intenso a finales de primavera y verano.

  • Hortensia

    Hydrangea macrophylla

    Rosa y azul sobre el muro de piedra de la entrada.

  • Pino canario

    Pinus canariensis

    Endémico de Canarias. Hojas en haces de 3, resistente al fuego.

  • Platanera

    Musa × paradisiaca

    El paisaje agrícola por excelencia del norte de Tenerife.

  • Almendro

    Prunus dulcis

    Floración blanca-rosa entre enero y febrero. La era está bajo uno.

  • Drago

    Dracaena draco

    Símbolo del Valle de la Orotava y del archipiélago canario.

  • Viña pequeña

    Vitis vinifera

    Para uso personal de la familia, no comercial.

Durante la estancia

Cómo se recorre durante la estancia.

El jardín se recorre solo. No hay horarios, no hay rutas guiadas, no hay tickets. Cada casa tiene salida directa a la finca y el camino entre la piscina y las casas pasa por los rincones de jardín.

Si te interesa la historia, José te enseña las cinco piezas etnográficas y te cuenta cómo Montserrat repobló cada zona. Si prefieres no ver a nadie, no ves a nadie — las casas están a 50 m entre sí, entre arboleda y frutales.

Es de esos sitios donde la tranquilidad llega sola. Estás en medio de la naturaleza, con algunas de las mejores rutas de Las Cañadas y el Teide a tiro de piedra.

¿Quieres dormir dentro del jardín?

Hay tres casas independientes a 50 m entre sí — La Era, El Castaño y Casa Azul. Comparten sólo la piscina; el resto es tuyo.